La historia de nuestra patrona

Cecilia de Roma conocida como Santa Cecilia, fue una virgen mártir de la Iglesia Católica. Sus primeras referencias históricas datan del  Martyrologium hieronymianum del s IV. Pero no se consiguió fijar una fecha exacta de su vida, que se enmarca entre el s.II y III.

Alrededor del año 480 aparecen las Actas de Santa Cecilia, de autor anónimo y escritas en latín. En estas actas se cuenta la historia de Santa Cecilia, aunque la Enciclopedia Católica no dota de valor histórico a la misma y lo considera un romance pío.

Según las actas, Santa Cecilia era una joven patricia de familia senatorial, que fue prometida con Valerius (Valeriano) un patricio pagano. En la noche de bodas Santa Cecilia hizo una confesión a su marido:

- Cecilia: Tengo que comunicarte un secreto. Has de saber que un ángel del Señor vela por mí. Si me tocas como si fuera yo tu esposa, el ángel se enfurecerá y tú sufrirás las consecuencias; en cambio, si me respetas, el ángel te amará como me ama a mí.

- Valeriano: Muéstramelo. Si es realmente un ángel de Dios, haré lo que me pides.

- Cecilia: Si crees en el Dios vivo y verdadero y recibes el agua del bautismo, verás al ángel.

Valeriano obedeció y fue al encuentro de Urbano, el papa lo bautizó y Valeriano regresó como cristiano ante Cecilia. Entonces se apareció un ángel a los dos y los coronó como esposos con rosas y azucenas. Cuando Tiburcio, el hermano de Valeriano, se acercó a ellos, también fue convertido al cristianismo y a partir de entonces vivió con ellos en la misma casa, en completa pureza.

En tiempos de Santa Cecilia, se perseguía a los cristianos y el prefecto condenó a Valeriano y a su hermano a muerte, ambos son mártires de la iglesia. Maximo, funcionario encargado de ejecutar la sentencia se convirtió al cristianismo y sufrió el mismo martirio que los dos hermanos. Sus cuerpos fueron enterrados por Santa Cecilia en las catacumbas cristianas.

Más adelante Santa Cecilia también fue perseguida y se le condenó a morir asfixiada en las termas de su casa, pero como sobrevivió se la puso en un recipiente de agua hirviendo, debido a que todavía sobrevivía, se decidió acabar la sentencia con una decapitación. El verdugo dio tres espadazos a Santa Cecilia y la abandonó. Pero sobrevivió durante tres días, en los que se dedicó a obras de caridad y limosnas.

Es en el momento del martirio donde se atribuye el patronazgo a la música, aunque es debido a un error de transcripción del latin. Las actas reflejan lo siguiente:

Venit díes in quo thálamus collacatus est, et, canéntibus [cantántibus] órganis, il•la [Cecilia virgo] in corde suo soli Domino decantábat [dicens]: Fiat Dómine cor meum et corpus meus inmaculatum et non confundar.

Que se tradujo como:

Vino el día en que el matrimonio se celebró, y, mientras sonaban los instrumentos musicales, ella (la virgen Cecilia) en su corazón a su único Señor cantaba [diciendo]: Haz, Señor, mi corazón y mi cuerpo inmaculados y no sea yo defraudada <que es una paráfrasis del salmo LXX: In te Dómine speravi; non confundar in aeternum>.

La palabra latina órganis es el plural de órganum, que significa ‘instrumento musical’ se tradujo como ‘órgano’. Entonces la frase ‘mientras sonaban los instrumentos musicales, ella le decía al Señor’ se volvió ‘ella cantaba y se acompañaba con un órgano’. Y así Cecilia se volvió patrona de la música, y a partir del siglo XV  se empezó a pintar a la santa cargando un pequeño órgano portátil, y otros instrumentos.

En realidad los códices más antiguos no dicen canéntibus órganis (canéntibus como sinónimo de cantántibus), sino candéntibus órganis, Caecilia virgo…. Los «órganos» no serían ‘instrumentos musicales’, sino ‘instrumentos de tortura’, y la antífona describiría que Cecilia, ‘entre las herramientas candentes, cantaba a su único Señor en su corazón’. La antífona no se referiría al banquete nupcial, sino más bien al momento del martirio.

Miguel Ángel Rubio

Miembro de AM San Antón

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